“Nunca subestime la política”

Le dijo Graco a Cicerón en la novela de Howard Fast, “Espartaco”, la que inspiró la famosa película de Kirk Douglas. La novela en sí es una maravilla, y la parrafada que larga Graco a Cicerón sobre lo que es la política es un canto tan cínico y tan contundente que al leerlo uno ya no puede hacer que lo expuesto allí no lo sabe o que no lo entiende.

Y esa parrafada, cínica, brutal y genial, es la que quiero compartir, con el fin de hacer ver que interesarse por la política tiene mucho sentido y que subestimarla o desinteresarse por ella es un error, un error que puedes pagar muy caro…

“-Ya que usted es un político-dijo Cicerón sonriendo-, ¿por qué no me dice qué es un político?

-Un farsante-respondió Graco secamente.

-Por lo menos es usted franco.

-Es mi única virtud y es extremadamente valiosa. En un político la gente la confunde con la honestidad. Como usted sabe, vivimos en una república. Y esto quiere decir que hay mucha gente que no tiene nada y un puñado que tiene mucho. Y los que tienen mucho tienen que ser defendidos y protegidos por los que no tienen nada. No solamente eso, sino que los que tienen mucho tienen que cuidar sus propiedades y, en consecuencia, los que nada tienen deben estar dispuestos a morir por las propiedades de gente como usted y como yo y como nuestro buen anfitrión Antonio Cayo. Además, la gente como nosotros tiene muchos esclavos. Esos esclavos no nos quieren. No debemos caer en la ilusión de que los esclavos aman a sus amos. No nos aman y, por ende, los esclavos no nos protegerán de los esclavos. De modo que mucha, mucha gente que posee esclavos debe estar dispuesta a morir para que nosotros tengamos nuestros esclavos. Roma mantiene en las armas a un cuarto de millón de hombres. Esos soldados deben estar dispuestos a marchar a tierras extrañas, marchar hasta quedar exhaustos, vivir sumidos en la suciedad y la miseria, revolcarse en la sangre, para que nosotros podamos vivir confortablemente y podamos incrementar nuestras fortunas personales. Los campesinos que murieron luchando contra los esclavos se encontraban en el ejército, en primer lugar, porque habían sido desalojados de sus tierras por los latifundios. Las casas de campo atendidas por esclavos los convirtieron en miserables sin tierras y ellos murieron por mantener intactas estas casas de campo. Por lo que nos vemos tentados a asegurar que todo esto es una reductio ad absurdum. Porque usted debe considerar lo siguiente, mi querido Cicerón: ¿qué perderían los valerosos soldados romanos si los esclavos vencen? En verdad, ellos los necesitarían desesperadamente, ya que no hay suficientes esclavos para trabajar adecuadamente las tierras. Habría tierras de sobra para todos y nuestros legionarios lograrían aquello que sueñan, su parcela de tierra y una pequeña casita. No obstante, marchan a destruir sus propios sueños, para que dieciséis esclavos transporten a un viejo cerdo obeso como yo en una cómoda litera. ¿Niega usted la verdad de todo lo que he dicho?

-Creo que si lo que usted dice lo dijera un individuo cualquiera en el Foro, tendríamos que crucificarlo.

-Cicerón, Cicerón-dijo riendo Graco-, ¿se trata de una amenaza? Soy demasiado obeso, pesado y viejo para ser crucificado. Y ¿por qué se pone usted tan nervioso ante la verdad? Es necesario mentirles a los otros. Pero ¿es necesario que nosotros creamos en nuestras propias mentiras?

-Tal y como usted lo plantea. Usted simplemente omite la cuestión fundamental: ¿un hombre es igual o distinto a otro? Hay una falacia en su breve discurso. Usted parte del supuesto de que los hombres son tan iguales entre sí como las peras que hay en una canasta. Yo no. Hay una élite, un grupo de hombres superiores. Si los dioses los hicieron así o fueron las circunstancias, no es cuestión para ponerse a discutirla. Pero hay hombres aptos para mandar y como son aptos para mandar, mandan. Y debido a que el resto son como ganado, se comportan como ganado. Ya ve; usted ofrece una tesis, pero lo difícil es explicarla. Usted ofrece un cuadro de la sociedad, pero si la verdad fuera tan ilógica como su cuadro, toda la estructura se desmoronaría en un día. Lo que usted no logra es explicar qué es lo que mantiene unido este ilógico rompecabezas.

-Sí que lo logro-respondió Graco-. Yo lo mantengo unido.

-¿Usted? ¿usted solo?

-Cicerón, ¿cree usted realmente que soy un idiota? He vivido una larga y azarosa vida y aún me mantengo en la cúspide. Usted me preguntó antes qué era un político. El político es el centro de esta casa de locos. El patricio no puede hacerlo por sí mismo. En primer lugar, piensa en la misma forma que usted, y los ciudadanos romanos no gustan de que se los considere como ganado. Y no lo son, cosa que algún día usted comprenderá. En segundo lugar, el patricio nada sabe sobre los ciudadanos. Si se le dejara a su cargo, la estructura se desmoronaría en un día. Por eso él acude a gente como yo. Él no podría vivir sin nosotros. Nosotros volvemos racional lo irracional. Nosotros convencemos al pueblo de que la mejor forma de realizarse en la vida es morir por los ricos. Nosotros convencemos a los ricos de que tienen que ceder parte de sus riquezas para conservar el resto. Somos magos. Creamos una ilusión y la ilusión es infalible. Nosotros le decimos al pueblo: vosotros sois el poder. Vuestro voto es la fuente de poderío y la gloria de Roma. Vosotros sois el único pueblo libre del mundo. No hay nada más precioso que vuestra libertad, nada más admirable que vuestra civilización. Y vosotros la controláis; vosotros sois el poder. Y entonces ellos votan por nuestros candidatos. Lloran cuando nos derrotan. Ríen de alegría ante nuestras victorias. Y se sienten orgullosos y superiores porque no son esclavos. No importa lo bajo que caigan; si duermen en cloacas; si permanecen sentados en asientos públicos en las carreras y en el circo las veinticuatro horas del día; si estrangulan a sus hijos al nacer; si viven de la caridad pública y si nunca mueven un dedo, en toda su vida, para cumplir una jornada de trabajo. Están sucios, pero cada vez que ven a un esclavo, su ego se eleva y se sienten llenos de orgullo y de poder. Entonces saben que son ciudadanos romanos y todo el mundo les envidia. Y en eso consiste mi arte, Cicerón. Nunca subestime la política.”

Una vez leído todo esto, ¿aún piensa alguien que la política no puede ser útil? ¿alguien cree que algo tan decisivo en la vida diaria deba ser infravalorado e ignorado alegremente? Quizás sí: quizás los herederos de la postura aquí expuesta por Cicerón. Los que no consideran importante preguntarse el porqué se llega a una situación en la que hay una élite y hay “ganado”…

P.D.: Y no, la solución no es suprimir los políticos y darles el poder a los “patricios”. Como muy bien dice el texto, “El patricio no puede hacerlo por sí mismo. En primer lugar, piensa en la misma forma que usted, y los ciudadanos romanos no gustan de que se los considere como ganado. Y no lo son, cosa que algún día usted comprenderá. En segundo lugar, el patricio nada sabe sobre los ciudadanos. Si se le dejara a su cargo, la estructura se desmoronaría en un día”.

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~ por Lüzbel en Miércoles, 25 julio 2007.

16 comentarios to ““Nunca subestime la política””

  1. […] leyendo en El Daño de Lüzbel Luzbel, 13:34 – Archivado en Arte y cultura, Historia. […]

  2. ¡Un texto genial!. Muy bien traído y de un aroma inconfundible y afortunadamente anarco.

    Efectivamente, la solución no está en ese enlace donde aparece un término al que le sobra una mitad (por falaz) y la otra debería ser extirpada (por cancerígena). Pero yo sí creo que la solución pasa por eliminar de la ecuación a esa otra casta: la de los políticos, la que dice que esa es su profesión cuando en realidad es su fuente de privilegios. La existencia de los políticos es precisamente la materialización de esa ficción que cuenta Graco según la cuál cantando loas a la libertad y autonomía del pueblo lo que se hace es quitárselas, y lo único que sustenta ese “robo” es esa filosofía de que hay una serie de elegidos para dirigir los destinos de todo el mundo. ¿Hay alguna forma de que unos cuantos hagan política sin que eso signifique renuncia en los supuestamente representados? No se me ocurre ninguna, y por eso digo lo que digo.

    No hya que subestimar la política, nunca, y por eso nadie debería renunciar a ella, ni dejarla en manos de unos cuantos que se dicen elegidos, ni hacer que dichos iluminados hagan de ella su profesión, porque considerar la política una profesión, ponerle un precio, es precisamente subestimarla. Política es la responsabilidad de cada uno para manejarse día a día y basta con levantarse de la cama para empezar a hacerla. O llegar al trabajo y desarrollar allí tu actividad, junto a tus compañeros, siendo tan responsables de la propia acción como sea posible. O vivir en sociedad, en el barrio, en el pueblo… todo eso es política, es acción, y no reconocerlo así, el pensar que eso es trivial y que los grandes asuntos los manejan grandes mentes, es aceptar que somos ganado. Y repito, ¿es compatible mantener la lucidez necesaria para recordar todo esto al mismo tiempo que la política se organiza en los elegidos y los que eligen? Mientras los elegidos intenten hacer creer a los elegidos que su libertad y autonomía les es concedida precisamente porque pueden delegar, me temo que no.

    Renunciar a la política no es despotricar contra los políticos sino precisamente delegar en ellos (y quien dice en los políticos dice también en los “patricios” si hablamos de trabajo). Y ojo, que eso además de subestimar la política, es, sobre todo, subestimarse a uno mismo y renunciar a ser responsable, autónomo y, en definitiva, libre.

    Perdón por el tocho, un saludo.

  3. Ah, cabroncete, casi me pisas la entrada que estoy preparando comparando el Espartaco de Koestler y el de Fast. Desde luego la figura de Espartaco, de la que poco sabemos y con tantas pátinas románticas, es uno de los grandes hitos de la lucha por la libertad.

    Te ha quedado muy bonito el nuevo foro. ¿Las ilustraciones de arriba son de Fra Angelico?

  4. Eres un demonio, tus tentaciones son irresistibles, no he leído la novela, aunque soy un forofo de la película, y no voy a tener más remedio que hacerlo, el trozo que reproduces Luzbel de los demonios es impresionante. En una entrada que hice elaboraba un pequeño test irónico, para descubrir franquistas ocultos, ahora que, prácticamente nadie, quiere hacerse heredero político del Caudillo de España, y se me olvidó, o en ese momento no caí, una de las pruebas que es precisamente que aquellos que continuamente lanzan frases del tipo: “Todos los políticos son iguales”, “La política es corrupción”,que denigran continuamente la actividad política ocultan a un franquista, aunque muchas veces no lo saben.

  5. Peazo de texto. Me imagino a Kubrick leyéndolo…

  6. Daniel:

    Y a Kirk Douglas también. El valor que tuvo al poner a Dalton Trumbo en los créditos fue lo que hizo que la persecución a los izquierdistas en Hollywood se llevará un duro golpe, del que nunca se recuperó…

    J.G. Centeno:

    Muchas gracias, la película es una maravilla que gana con el tiempo, y el libro yo diría que es aún mejor…la parte en la que relata la vida de los esclavos en la mina es terrorífica: de cómo alguien puede aguantar aquello, de qué piensa uno cuando vive en esa situación…tremendísimo…

    Supersantiego:

    Esperando estoy el post del que hablas. Y no, la imágen es del cuadro “El Triunfo de la Muerte”, de Brueghel el Viejo. Y joder, que me sigo acordando de que Miller escribió “aquello”…malvado.

    Jimmy:

    Sería interesantísimo, de verdad, que escribieras sobre el anarcocapitalismo. De verdad. Me interesaría muchísimo. Yo lo he intentado varias veces, pero me salen post llenos de mala leche y poco cerebro (menos del normal, quiero decir).

    Al leerte he vuelto a ver el texto y he visto esto: “Están sucios, pero cada vez que ven a un esclavo, su ego se eleva y se sienten llenos de orgullo y de poder”. En realidad todo esto gira en torno a la idea de que no somos iguales: Cicerón piensa que los que ya están arriba no son iguales que los que están abajo, y que merecen gobernar, hayan llegado como hayan llegado.

    Y la forma en que los que están por debajo no estén unidos es la misma: ven a un esclavo y se sienten orgullosos. Se sienten más. Se sienten privilegiados. Y da igual que malvivan, que estén cada año peor.

    Todo el juego de poderes y de los abusos viene de ahí: de la idea de que no somos iguales.

    Lo aterrador, lo terrible de Graco es que su discurso es una patada en el estómago: una vez notada ya no puedes hacer que no existe o que no está ahí. Aceptar aquel sistema, como éste, es aceptar que unos de los pilares de nuestra vida es la hipocresía.

    A todo se acostumbra uno. A veces no. En el fondo las cosas cambian gracias a la gente que no se acostumbra.

    P.D.: Sí, te he largado un rollo, pero aguántate que has empezado tú.;)

  7. Brillante como siempre, Lüzbel.

  8. Lüzbel, ese post es algo que tengo en mente desde hace tiempo porque a mí también me parece muy interesante y necesario. La versión reducida del asunto ya está, y es que es trivial (basta con recurrir a la etimología del término “anarquía”). Lo que ocurre es que me gustaría alargarlo un poco, y las referencias que he ido encontrando las acabo de prestar así que esperaré hasta el final del verano. Además, estoy con la inspiración de vacaciones…

    Ya aprovecho para otra cosilla, porque no me quiero quedar con las ganas. Me falta ver comentarios que se centren en el mensaje último del texto. Quiero decir que sí, es un texto sublime, pero con ese “No subestimes la política” no se está diciendo “vota, infórmate de lo que hacen los políticos, decídete por un partido, no seas pasota…”, sino todo lo contrario. Se está diciendo que todos los políticos son iguales, o más concretamente, parte de lo mismo jugando el mismo papel (yo ahí coincido, y discrepo rotundamente de JGCenteno, porque a lo más que llego es a intercalar un “casi” y sé que no soy franquista – tal vez “casi” franquista) Se está tirando por los suelos una visión en la que la mayoría se siente cómodo y satisfecho, se la está retratando como lo que es: el dique necesario para mantener a salvo a una minoría del posible tsunami que podría generarse si a la inmensa mayoría le diera por algo tan obsceno como ser libre y reclamar sus derechos. Ni por el pueblo ni con el pueblo, eso es lo que se está diciendo. Difícil me parece llegar a la conclusión de que esto es lo equivalente en nuestros días a una llamada a las urnas o escuchar las ruedas de prensa del portavoz del partido de turno. Se está diciendo lo contrario, a sabiendas de que sólo se dice porque queda entre dos que no necesitan engañarse, concienciados de que de puertas para afuera es un discurso que, como dice Lüzbel no puede ser ignorado una vez escuchado y de ahí a la “revolución” hay medio paso. Se está reconociendo el funesto papel que juegan, la imposibilidad de que el pueblo alcance su plena emancipación mientras ellos estén ahí, precisamente porque ésa es su única función.

    Hay un enorme e imprescindible debate detrás de ese texto, y como no me sale escribir en mi casa me vengo aquí, te ocupo el sofá, te agarro una cerveza y unas aceitunas de la nevera y a dar la brasa.

    PD: el que parrafea el último parrafea mejor…

  9. Lluís:

    Gracias, malvado.

    Jimmy Jazz:

    No son iguales ni implican lo mismo para la gente, desde luego. Franco no es igual que Aznar. Ni Stalin es Zapatero. Los políticos no son miméticos ni implican todos las mismas cosas.

    Quiero decir: los hay preferibles a otros.

    Pero, y es a lo que iba con el texto, la base de la política tal y como se ha conocido hasta ahora, lo que subyace a todo, es la que refleja el texto: hipocresía. Esa es la patada en el estómago: sí, tener a Zapatero gobernandote es mejor que tener a Franco. No es justo ni realista decir que son iguales o que implican lo mismo para el hombre de la calle. Pero una vez que sabemos que es la hipocresía lo que gobierna el mundo, tiranías y democracias incluidas, ¿qué?

    Es la lógica del poder la hipócrita. El debate es si la falta de hipocresía nos permitiría sobrevivir y convivir o si no querer acostumbrarse a que sea así no es más que no haber madurado.

    ¿Es la hipocresía necesaria para vivir? ¿o estamos jugando tontamente, pues sin hipocresía es imposible la vida? Esa es la clave para mí…y es un tema amargo que llevo demasiado tiempo aplazando.

    Pensar una cosa u otra lleva a caminos muy distintos. Es difícil decidir.

  10. A todo esto, sigo con unas oscilaciones ideológicas de miedo: sí, me considero socialdemócrata, pero tengo días de recordar mis años anarco-comunistas y me salen estas cosas…

    Da igual que cambies de opinión o ideología: trozos de lo que pensaste y fuiste siempre van contigo (jodó que poético y rimbombante, que mal y ridículas me quedan estas cosas…debo volver a hacer post de choteo puro…siempre me quedó mal ir de serio…)

  11. Bueno, aclaro que los políticos en que yo estaba pensando no eran ni Stalin ni Franco, ni ninguno que pudiese parecerse a ellos. Estaba pensando en una situación mucho más cercana y presente, limitándome a las denominadas “democracias liberales” que es en las que verdaderamente se vive la situación expuesta en el texto (Poder económico, poder militar, poder político… y el inmenso resto, y todo articulado precisamente de la hipócrita forma descrita, sin autoritarismos o totalitarismos evidentes).

    Lo que sí es más discutible es que las diferencias entre PSOE-PP, Demócratas-Republicanos, Conservadores-Laboristas, y un largo etcétera, vayan mucho más allá de ese generoso “casi”. En todo caso, de existir, tales diferencias no aparecen, en ningún caso, a la hora de plantear diferentes alternativas a un sistema socio-económico determinado, ni planteando distintos grados de participación y protagonismo del ciudadano en la política, la vida social o la vida laboral, ni anunciando claramente un nuevo planteamiento en términos de política internacional, cooperación, etc., que no estén sujetos a dictados ajenos y superiores, ni replanteando las relaciones de dicho poder político con el económico…

    A lo que voy: esa “igualdad” entre todos ellos va referida a que, con cualquiera de ellos, ese hipócrita sistema que se denuncia en el texto seguiría vigente sin dolor alguno. No es casualidad, todo lo que lo mantiene en pie cae en el saco de las coincidencias. el resto, lo que les diferencia, lo que nos dice que uno es preferible a otro, no afecta a ese entramado y, fíjate, yo lo metería en el saco de la bisutería barata que observamos para enorgullecermos mientras miramos al esclavo que tanto bien hace a nuestros egos.

    Todos esos pequeños avances son importantes, claro que sí, y por supuesto que se disfrutan, pero lo primordial, ese sistema de poder tan bien descrito en el diálogo de la entrada, ¿en qué se ve afectado o modificado según gobierne A o B? ¿qué político promete en su programa electoral darle la vuelta por completo? Eso también es algo a aclarar: ¿Es posible que exista ese político, esa opción? Mi opinión es que no, ¿por qué iba yo a confiar en que el “sistema” se autodestruyese? Es en ese sentido en el que afirmo que mi opinión es que no hay diferencia alguna. Roma no paga traidores y el “sistema” (vuelvo a entrecomillarlo, porque no me convence nada el término) no elige líderes que lo vayan a destruir.

    Respecto a tus últimas dudas, no sé si acabo de entenderlo, pero mi opinión es que, primero, se puede vivir sin hipocresía. La capacidad de hacerlo es nuestra, no es algo de lo que carezcamos y que el poder viene a regalarnos para salvarnos de la autodestrucción (no olvidemos que el texto deja claro quienes son los protegidos por esta estructura de poder). Y segundo, se debe intentar. Lo contrario, aceptar la hipocresía, me parece de todo menos un síntoma de madurez. La emancipación sí es madurez, siempre: cuando uno le dice que no a su padre por primera vez, cuando se independiza y toma plenamente las riendas de su vida, cuando decide establecer nuevas relaciones, cuando intenta conquistar en su trabajo una serie de derechos que considera violados, o cuando decide, al menos, denunciar esa hipocresía del poder político en lugar de asumirla.

    No creo que haya dos caminos sino uno, y dos opciones a la hora de recorrerlo: seguir o detenerse en un punto concreto. Al menos identificar este problema implica inconfudiblemente que aún se sigue en marcha, que no se ha dejado de madurar.

    Saludos y a la cama.

  12. Nada hombre, te ha quedado bien…

  13. Me ha descuadradado la Postdata. Puede existir Estado sin que existan políticos. Y puede existir política sin que existan políticos. Los ancaps no es que no crean en los políticos, es que no creen necesario una ley o sistema jurídico único para todos los ciudadanos.

    Siguiendo el razonamiento de tu post, los ancaps consideran que cada terrateniente debería costearse su ejército privado que le protegiera sus propiedades.

  14. Yo tengo muchas dudas, Coase. El texto no iba de eliminar la política ni los políticos, sino un tipo determinado de política y de políticos.

    Y leyendo a Valín, creo que los políticos en general no son del agrado de los ancaps. Los cuales, por otra parte, considero mucho más alejados ideológicamente a mí que la gente conservadora o liberal. Pero mucho más.

  15. Los políticos no son de agrado de Valín ni de los defensores de la democracia directa quienes están muy alejados de los planteamientos ancaps.

  16. Pero los anarcoliberales, de los que hablamos, son partidarios de eliminar la clase política. Y, en cambio, que permanezca aún así las empresas y multinacionales existentes.

    Es decir: darles el poder, en la práctica, a los “patricios”. A eso me refería antes. A que son, en el fondo, voceros de los “patricios”…

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